Murcia

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San Miguel

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Recorrido histórico

Situado en el centro comercial de la ciudad de Murcia, San Miguel es un barrio que ha agrupado en los últimos años a la clase media y emprendedora de la ciudad. Dotada de dinámicos comercios, cuenta con la sede del gobierno regional, así como con algún tesoro histórico artístico de enorme interés.

Santa Clara, hoy (interior)

Como siempre, nos remontamos a la Edad Media para conocer el origen de este barrio: con la llegada de los castellanos a Murcia tras su definitiva reconquista de la ciudad en 1266, comenzó la organización de los barrios y parroquia con que se organizaba una típica ciudad medieval del siglo XIII: con la victoria definitiva sobre los árabes, estos fueron desplazados al arrabal de la Arrixaca hasta que, en fecha indeterminada y debido al éxodo de un número significativo de sus habitantes, fueron reducidos a los barrios de San Andrés y San Antolín. Nació, así, en fecha no muy lejana a 1272, la colación de San Miguel, que agrupó a un grupo de repobladores cristianos agrupados en torno a la iglesia. Fue este barrio, desde sus orígenes, un lugar salpicado de casas y huertos -denominados en época árabe "reales"-, que había pertenecido a las clases más acomodadas de Murcia. Protegía este arrabal una muralla que no sobrepasaba la línea formada por las calles Jerónimo de Roda, Jaime I y Gutiérrez Mellado y que llegaba hasta las inmediaciones de la ermita de San Antón; numerosas puertas y portillos comunicaban este barrio con la heredad de Adufa, que se extendía hacia el Norte, en dirección al actual barrio de Vistalegre. Varias fundaciones conventuales se efectuaron en el solar del barrio: para las monjas de Santa Clara o franciscanas menoretas, el antiguo palacio árabe que había pertenecido a la Corona y que fue donado por la reina en 1365; para las monjas ursulinas, un solar frente a aquellas, hasta que en 1490 el poderoso deán Martín de Selva apoyó una fundación de las Madres Dominicas.

San Esteban

Durante los siglos siguientes, la presión urbanística hizo que los antiguos huertos fueran desapareciendo para quedar plenamente urbanizado todo el barrio: únicamente llegaron a pervivir los huertos de los numerosos conventos localizados entre sus calles, además de Claras y Anas, el barrio de San Miguel contó desde el siglo XVI con otras fundaciones conventuales que contribuyeron a darle forma: en 1590 el Colegio de San Esteban e Iglesia, de la Compañía de Jesús; en 1681 el convento de los Carmelitas Descalzos, los llamados Teresos; en 1645 el convento de las Capuchinas, etc. Finalmente, por iniciativa de Luis de Belluga, se fundó la Inclusa de Santa Teresa, que, de todos los anteriores, es la única institución religiosa del barrio que, junto con los conventos de Santa Clara y Santa Ana, aún hoy persiste.

San Miguel

Con la llegada del siglo XIX, el arrabal se trasladó a las afueras de este espacio urbano, que, desde entonces, pasó a formar parte de lo que se considera centro de la ciudad; únicamente la presión desamortizadora hizo que algunos de los anteriores conventos desaparecieran o fueran adoptados por el poder civil para otros usos: esto ocurrió con el convento jesuita que, tras la expulsión de 1777, pasó a ser una casa de Misericordia y su anejo, el manicomio provincial. Por lo demás, ese siglo vio como el hermoso palacio de los marqueses de Vélez (hoy desaparecido bajo el avenida Alfonso X) se convertía en sede del gobierno civil.

Por su parte, el siglo XX fue el que transformó todo el paisaje del barrio, sobre todo aquél que estaba situado al otro lado de la acequia de la Aljufía, que atravesaba todo el barrio siguiendo la actual calle de Acisclo Díaz, Santa Clara y continua por Enrique Villar. Así, los planes urbanos trazados por Cesar Cort en 1923 y Gaspar Blein en 1945 concluyeron en una idea que ya estaba rondando en la mente de muchos murcianos desde el último tercio del siglo XIX: la apertura de una gran vía que comunicara el Sur con el Norte de la ciudad; gran vía que al final exigió un sacrificio urbano en la forma del convento de las Capuchinas; por su parte, la apertura de otros viales como la avenida Alfonso X requirió la demolición del palacio de los marqueses de Vélez. Con todo, el siglo XX ha visto ola definitiva urbanización del barrio de San Miguel, la construcción de un centro cultural -la Casa de la Cultura, que fue Biblioteca y Museo Arqueológico, conservando actualmente esta única función-, algunos centros comerciales de gran superficie y un comercio menor de gran dinamismo.

Inclusa de Santa Teresa

La plaza Fuensanta y la avenida Alfonso X el Sabio -popularmente conocida por los murcianos desde los años setenta como el "Tontódromo"- son, a día de hoy, animados espacios urbanos donde se encuentran los murcianos de a pie.










 

Lugares con historia

Son muchas las esquinas, los callejones y los solares que esconden una parte de la historia de un barrio, a continuación, a través de un recorrido, vamos a relatar algunos detalles, anécdotas y curiosidades, como ejemplo del enorme esplendor del barrio de San Miguel.

Avenida Alfonso X

Iniciamos nuestro recorrido histórico en la plaza Circular, emblemático espacio urbano de la ciudad de Murcia que se abrió en los años cincuenta y hoy es puntode tránsito de los murcianos que con sus coches vienen y van a algún punto de la ciudad. Una avenida en particular nos invita a adentrarnos bajo sus árboles: es la avenida de Alfonso X: tiendas, boutiques, restaurantes y la concurrida calle-salón de Pérez Casas dejan paso a dos edificios singulares: el popular MOPU y el Museo Arqueológico.

El Museo Arqueológico es parada obligatoria para el visitante en Murcia: a través de sus plantas y salas el curioso espectador puede admirar los restos de las culturas prehistórica, íbera, romana, árabe, etc., en un recorrido que nos descubreMurcia y su historia.

Un poco más allá está el convento de Santa Clara La Real. Un escudo de armas que corona la portada de ingreso al atrio -cuya cruz de mármol es de 1878- que se remonta a tiempos de los Reyes Católicos nos invita a conocer su iglesia, construida en el primer tercio del siglo XVIII. En otro acceso que se orienta a la avenida Alfonso X se encuentra el acceso al Museo de Santa Clara: una oportunidad única para visitar, en grupos guiados, el interior de una parte de la clausura empleada como museo de arte sacro e islámico.

Frente al convento de Santa Clara, la iglesia y convento de Santa Ana. Este complejo fue fundado por el deán Martín de Selva en 1490, sobre un antiguo convento de las monjas ursulinas. Puede admirarse la hermosa iglesia del siglo XVIII en cuyo retablo intervino el célebre imaginero murciano Francisco Salzillo.

Museo Arqueológico

Dirigiéndonos hacia poniente nos adentramos en la calle de Santa Clara, que es, a su vez, prolongación de Acisclo Díaz por donde discurre bajo su suelo la acequia mayor de la Aljufía. Y a la derecha... ¡Sorpresa! Un pequeño y estrecho callejón, el de la Aurora, que se remonta a la Edad Media y que, gracias a la bella hornacina, ha sobrevivido hasta nuestro días: era un portillo de salida de la ciudad a la huerta. Un apunte curioso sobre esta popular hornacina: en el siglo XVIII con motivo del auge de las dos cofradías del Rosario que había en las parroquias de San Miguel y Santo Domingo, los vecinos de la calle, tras una colecta encargaron una imagen, que se colocó el 24 de octubre de 1767. A la salida del portillo hasta los años cuarenta había una pista de juego de bolos muy concurrida por los murcianos.

Un aroma de historia flota en el lugar: por un lado, antes de la construcción de la Gran Vía, existía en sus inmediaciones el convento de las Capuchinas, convento fundado en 1616, donde -dice la tradición fue enterrado Salzillo- y que fue inevitable su demolición; por cierto, en una fachada había una hornacina de San Judas del que tenían mucha devoción los murcianos.

Una vez cruzada la Gran Vía nos asomamos al portillo de San Antonio, cuyo nombre anterior era "Camino de la Torre de la Marquesa" porque al final de él se encontraba una torre que había pertenecido a una marquesa y que subsistió hasta hace no mucho tiempo. Al lado del portillo, se encuentra un arco de entrada al que fue Manicomio Provincial durante el siglo XIX y más allá.

La iglesia de San Esteban y el antiguo colegio de San Esteban, hoy sede del Gobierno Regional. La Iglesia de San Esteban, fundada por el obispo Almeida en 1590 es hoy una sala de exposiciones de la Comunidad Autónoma donde, además de las exposiciones temporales, puede admirarse su estructura y retablos de incipiente estilo renacentista.

Callejón de la Aurora

Llegamos a la Iglesia de San Miguel. Una de las más antiguas, hermosas y acogedoras parroquias de la ciudad. Construida en la Edad Media y reconstruida en el siglo XVIII siguiendo cánones barrocos, su presbiterio se vino a abajo en el siglo XIX siendo reconstruida y reinaugurada en 1876. Cuenta con un precioso retablo, obra de Francisco Salzillo. Como dato curioso diremos que la calle adyacente de la sacristía se llamaba antes de las "Calavericas" por hallarse en su lugar el cementerio y asomar, de vez en cuando algún resto óseo de ese tipo. Esta calle desemboca a:

La calle de Santa Teresa. Viene su nombre por el convento de Carmelitas Descalzos (popularmente conocidos como los Teresos) fundado hacia 1681. Frente a este convento se construyó la conocida como Inclusa de Santa Teresa, una casa-hospicio para niños huérfanos. Fueron estos frailes los que abovedaron el antiguo foso de la muralla -el conocido como "val"- que discurría por esa calle.

De la iglesia de San Miguel vamos por el jardín de San Esteban, atravesándolo, para desembocar en la Plaza Fuensanta, otro punto de confluencia del tráfico murciano.