Murcia

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San Pedro

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Recorrido histórico

Si el barrio de Santa María - San Bartolomé puede considerarse el más antiguo de la ciudad, el barrio de San Pedro forma parte también de ese núcleo inicial de la Murcia más antigua y oculta, que lentamente nos desvela sus secretos. Treslugares emblemáticos de Murcia forman parte de distrito: la plaza de las flores, la mercado de Verónicas y el jardín del Malecón.

Vista de Murcia en 1771, según grabado de Espinalt

Una calle principal atravesaba la ciudad de Murcia en la Edad Media: durante la dominación árabe nacía en la actual plaza de San Pedro un vial de importancia comercial y social que discurría, según algunos estudios, hasta la actual plaza de los Apóstoles; en ella zocos, corralas, tiendas y otros establecimientos servían a los habitantes de la ciudad y a sus visitantes. Varias excavaciones arqueológicas, junto con el estudio de los capitulares medievales coinciden en aquel paisaje: así, en las cercanías de la iglesia de San Pedro, se llegó a encontrar los restos que lo que pudo haber sido una corrala de época andalusí, mientras que en la calle Frenería, se descubrieron algunas pequeñas habitaciones orientadas a la calle que bien podían haber tenido una función comercial. Estos elementos, junto con la presencia de numerosas viviendas excavadas, así como la seguridad de saber de la presencia de al menos un baño público hacía de San Pedro un próspero barrio medieval ordenado en torno a esa calle y la mezquita. Por otra parte, la necesidad de proteger tanto a la ciudad como al barrio de los potenciales enemigos exteriores y las regulares inundaciones del río Segura forzó a las autoridades del siglo XII a construir las sólidas murallas de la ciudad, que, en un tramo muy significativo, resguardaron el barrio de San Pedro, al menos en su vertiente orientada hacia el plano de San Francisco y el Malecón.

Edificio del Almudí, hoy Archivo Municipal

Fue con la Reconquista cuando se pusieron las bases urbanísticas de algunos de los elementos que hoy enseñorean las calles de esta barriada. Por ejemplo, se abrió el espacio de las plaza de las Flores con el objeto de hacer de ellas la lonja para el suministro de carnes, cuya función -dicho sea de paso- perduró hasta el siglo XVIII; también, por orden del rey Enrique III se mandó edificar en 1399 un nuevo alcázar que controlara el paso que unía la ciudad con la otra orilla del río; y, finalmente, se mandó hacer un primitivo malecón que secundara a las murallas en la función de proteger a la ciudad del agua. Otras iniciativas medievales hicieron que la antigua vía comercial perdiera su empuje por la apertura de otras nuevas calles (como Trapería) y la derivación del comercio a los mercados semanales; también facilitaron, además, el asentamiento de órdenes religiosas en su distrito, sobre todo de los Franciscanos, establecidos inmediatos a la entrada del actual malecón en 1280.

Plaza del Hotel Victoria, en 1850

Los siglos posteriores a la Edad Media vieron la aparición de algunos de los hitos arquitectónicos del barrio: por un lado la fundación del convento e iglesia de Verónicas en 1529 y, por otro, la edificación del Almudí, en sustitución del antiguo granero concejil que se ubicaba en la actual calle Granero; añadiremos que a lo largo de su larga existencia además de esta función, fue depósito de armas y de seda, y, finalmente, Audiencia hasta los años cincuenta del siglo XX. De igual forma el barroco tuvo su oportunidad en la reedificación de la iglesia de San Pedro y la ornamentación de su interior de la mano de genios como Francisco Salzillo, a quien se le debe, también, por poner una muestra, la talle del titular de la iglesia.

El siglo de las luces, el siglo XVIII, vio la construcción del actual paseo del malecón, y, en definitiva, las obras públicas necesarias para el empedramiento de las calles y la organización de una incipiente red de canalización de aguas sucias.

Malecón (Vegetación)

Uno de los periodos en que más transformaciones sufrió el barrio junto al de la Reconquista, fue sin duda el actual: desde la destrucción en 1820 del antiguo alcázar medieval -que se había convertido en el tribunal de la Inquisición- para construir, decenios más tarde el Hotel Universal u Hotel Victoria, y la apertura del plano de San Francisco con la quema y demolición del convento de San Francisco y la casa Codorniu (en 1931 y años sesenta, respectivamente), hasta la de la Gran Vía en los años cincuenta se han llevado a cabo obras que ha contribuido a darle la forma actual. Por su parte, la demolición del convento de Verónicas permitió descubrir y mostrar al público un tramo de muralla medieval, que se ha incorporado, en la actualidad, al paisaje cotidiano de la ciudad.

Hoy día, el barrio de San Pedro combina tradición y modernidad a través de la pervivencia de su arquitectura más entrañable y cargada de historia junto con el espíritu de un barrio residencial sembrado de pequeños comercios que ofrecen todo tipo de artículos al visitante. Un espacio abierto, que se magnifica con el pervivenciade entrañables tradiciones y actividades variopintas a caballo entre sus estrechas calles y el magnífico jardín del Malecón.

Lugares con historia

Son muchas las esquinas, los callejones y los solares que esconden una parte de la historia de un barrio, a continuación, a través de un recorrido, vamos a relatar algunos detalles, anécdotas y curiosidades, como ejemplo del enorme esplendor del barrio de San Pedro.

Iglesia de San Pedro, vista desde la plaza de Las Flores

Arrancamos nuestro paseo por la historia del barrio San Pedro en la plaza de las Flores, lugar emblemático de la ciudad de Murcia. Constituido en la Edad Media como "lonja de las carnicerías", desde hace más de cien años arraigó la tradición de la venta de flores cuya herencia recogen a lo largo del año tres comercios en la plaza, y, la víspera del día de Todos los Santos, un sinfín de vendedores de la huerta.

El callejón de Bodegones o Arzobispo Simón López nos invita a adentrarnos en un lugar donde los mesones y las tabernas remontan su actividad a más de quinientos años. El nombre de Bodegones deviene, precisamente, porque las casas de comidas a donde acudían los forasteros, huertanos y vecinos con motivo de los mercados y fiestas. Mudó su nombre en 1911 por el de Arzobispo Simón López, que había sido oriundo de Nerpio y último inquisidor de Murcia.

A su salida desembocamos en la calle de Jara Carillo, dedicada al célebre poeta murciano de principios del siglo XX. Su anterior nombre era "calle de la Inquisición" pues daba servicio al palacio del Santo Oficio hasta 1820, en que desapareció al ser abolida dicha institución. En la actualidad subsiste un fragmento de dicho palacio que es sede del Colegio de Arquitectos y fue, hasta mitad del siglo XX, sede del diario "El Liberal".

Jardín del Malecón (Portada del Palacio del Huerto de las Bombas)

Damos media vuelta y dejando de lado la más típica y célebre administración de lotería de la ciudad, la nº 2, nos encaminamos hacia la plaza e iglesia de San Pedro. Esta plaza tiene una larga historia de tradiciones y costumbres: por un lado, agrupaba en torno a sí al gremio de toquería y pasamanería (en sus cercanías se halaba la calle de la Lencería y en la propia plaza de San Pedro estaban los tejedores de felpas y montereros). La primera semana de Noviembre es unan tradición visitar el mercadillo de arrope y calabazate -dulces productos típicos de la huerta de Murcia-. Por su parte, la iglesia de San Pedro es sede de la Cofradía de la Esperanza, que sale en procesión el Domingo de Ramos.

Más allá, en dirección a la plaza de San Julián una hornacina en el fondo de una callecita nos indica que podemos visitar el callejón de los Desamparados. De gran tradición en la ciudad, este callejón daba acceso a un hospicio de niños huérfanos que terminó derribado hace unos cuantos años. Hoy sólo queda el nombre.

Llegamos a la plaza de San Julián. Un lugar de mucha historia donde hubo hasta el siglo XVII un célebre hospital de peregrinos que después fue absorbido por el de Santa María de Gracia. Fue fundado por el obispo Rojas.

Una calle nos llama a asomarnos al Jardín del Malecón, pues pertenece a dicha parroquia. El jardín fue hasta no hace mucho tiempo propiedad privada, ya que era huerto varios casonas ubicadas en su interior. También, una parte de él fue jardín del convento de San Francisco y el Colegio de la Purísima.

Mercado de Verónicas, en los años 20

Un edificio singular nos llama la atención, es el mercado de Verónicas. Este mercado es una obra del arquitecto murcianoCerdán y es el mercado de abastos de la ciudad. Entre sus numerosos puestos se puede adquirir todos los productos que la generosa huerta regala día tras día a los murcianos.

A un lado de la calle de Verónicas está el mercado y al otro la iglesia de Verónicas, único resto del conjunto conventual fundado en 1566 bajo la regla de los terciarios de San Francisco. Y desembocamos al:

Plano de San Francisco. Esta gran explanada debe su nombre al convento franciscano establecido allí desde 1280 por privilegio real. Se mantuvo incólume hasta su quema en 1931; en él había una Inmaculada de Salzillo que se consideró su obra cumbre y también se perdió pasto de las llamas. Adosado a él estaba la casa de los Codorniu que terminó derribada en los años sesenta para poder hacer la monumental entrada al jardín del Malecón.