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Santa Eulalia

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Recorrido histórico

Situado en el centro de la ciudad de Murcia, este barrio de gran tradición y pintorescos pasajes, ha pasado con el tiempo de ser un arrabal medieval a convertirse en una parte sustancial del casco antiguo de la ciudad. La iglesia de Santa Eulalia es el principal eje del barrio.

Procesión del Resucitado

El domingo de Resurrección es muy especial en el barrio de Santa Eulalia. Un ajetreo constante desde primeras horas del alba anuncia la salida de una de las más típicas y tradicionales procesiones murcianas. Una tradición centenaria que se añade a otras más que goza el barrio.

La historia nos ha enseñado que fue en la Edad Media cuando este barrio, parte del cual estaba situado intramuros, se vio favorecido por una pujanza inusitada que no ha recuperado hasta el siglo XX. Una excavación arqueológica realizada en la actual plaza de Europa -antes solar del garaje y gasolinera Villar- demostró como el barrio de Santa Eulalia comenzó a ser fuertemente urbanizado a partir del siglo XI y XII: grandes mansiones árabes alternaban con pequeños huertos y viviendas más modestas. Fuera de sus murallas una acequia de célebre nombre regaba las heredades de la zona: la Condomina.

Con el río Segura lamiendo las murallas del entorno, fue lugar de entrada de las huestes de Jaime I de Aragón a la puerta ubicada en la actual plaza de la iglesia; con el tiempo se le denominó "Puerta de Orihuela" y conoció, en el lugar de la mezquita, el asentamiento de los frailes mercedarios que acompañaban a aquel rey.

No sabemos con certeza si fueron las disposiciones castellanas surgidas a raíz de la conquista de Murcia entre 1243 y 1266 las ubicaron a los habitantes judíos de la ciudad en el barrio o si ya habían formado su comunidad allí desde antes. Lo cierto es que durante toda Edad Media los contornos de la plaza Sardoy, antes conocida como plaza de la Sinagoga, acogieron el barrio judío de Murcia, quedando, todavía, entre sus calles un encanto que aún perdura.

Plaza Sardoy

Con la pragmática de 1492, la judería desapareció aunque numerosos habitantes quedaron convertidos al cristianismo; desde entonces costumbres y tradiciones de arraigado origen castellano encontraron su lugar entre las calles del barrio de Santa Eulalia. Así, durante los siglos XVI y XVII el barrio conoció el asentamiento de nobles familias con sus palacios (Balsas; Guzmanes, hoy desaparecido; etc.) y de la orden de los trinitarios (desde 1592).

La tónica general del barrio fue de tranquilidad hasta el siglo XIX y XX en que las exclaustraciones y los cambios del desarrollo de la posguerra modificaron sustancialmente el paisaje urbano. En efecto, durante la exclaustración, el convento de la Trinidad terminó desapareciendo hasta que su solar fue ocupado por el Museo de Bellas Artes a principios del siglo XX.

La cercanía de la Universidad ha hecho que Santa Eulalia esté influenciado por la misma en la forma que -junto con la proliferación de tabernas y pubs- lentamente ha ido adquiriendo aires de barrio estudiantil. De igual forma, los hallazgos arqueológicos que se han concretado en un moderno museo han contribuido a dotar al barrio de Santa Eulalia de una singularidad poco común con el resto de Murcia.

Lugares con historia

Son muchas las esquinas, los callejones y los solares que esconden una parte de la historia de un barrio, a continuación, a través de un recorrido, vamos a relatar algunos detalles, anécdotas y curiosidades, como ejemplo del dinamismo y viveza del barrio de Santa Eulalia.

Museo de Bellas Artes

Arrancamos nuestro recorrido en las inmediaciones de la plaza de Toros. Lugar emblemático para los murcianos aficionados tanto a los toros como al futbol, ya que vecina a aquella se encuentra el estadio de futbol deLa Condomina. Fue, a partir de 1893, con la fundación del coso taurino cuando sus entornos empezaron a urbanizarse, saltando los límites de las antiguas muralla.

Una calle arranca hacia el norte: es la calle Obispo Frutos en la cual nos encontramos, a su izquierda, con la plaza Amores, una de las más antiguas plazas de Murcia, pues ya existía en 1792, según el cronista Pedro Díaz Cassou.

Y un poco más arriba el Museo de Bellas Artes. Edificado en el solar del antiguo convento de los monjes trinitarios, éstos se establecieron allí por concesión concejil en 1595. Estaban al cargo de la vecina ermita de san Blas. La iglesia conventual poseía magníficos frescos de Nicolás de Villacis, pintor murciano del siglo XVII, que hoy se conservan en el Museo de Bellas Artes. En él se puede visitarse restos de los frescos de la capilla mayor y la parte del evangelio que representa al propio Villacis con algunos amigos, entre ellos el Conde del Valle de San Juan, Antonio de Roda y patrono de la iglesia, Juan Galtero.

Por su parte,el Museo de Bellas Artes es un edificio de estilo ecléctico situado enfrente de un colegio de similar estilo. En su interior puede hacerse un repaso de la pintura murciana de los últimos seiscientos años, mientras que en la fachada del edificio anexo el visitante puede apreciar los restos más importantes del edificio del Contraste, que antes estaba en la plaza de Santa Catalina y fue traslado -pieza a pieza- tras su demolición en los años treinta del siglo XX.

A sus espaldas se encuentra la calle del Cigarral, que hace referencia al foso de la muralla que discurría por esa calle y que funcionó hasta finales del siglo XIX como aliviadero de la cercana acequia de la Caravija.

Justo enfrente del Museo entramos a la bocacalle de la calle de la Trinidad. Una típica calle de tabernas y pubs universitarios de gran tradición e historia. Corta la calle Victorio, ante conocida como la calle del Rosariopues hasta mitad del siglo XX había una capilla -muy sencilla: constituida por un arco adintelado- con una copia de la Virgen del Rosario de Salzillo que había en San Bartolomé.

Y desembocamos en la plaza de Sardoy, antes conocida como plaza de la Sinagoga, puesto que según la tradición, allí estaba ubicada la sinagoga de la judería de Murcia.

Un poco más adelante, siguiendo una calle de excelentes tabernas llegamos a la calle de las Siervas de Jesús, antes conocida como calle de los decapitados. Dice la tradición que esto se debe al antiguo palacio de los Guzmanes en cuya fachada había balcón flanqueado por dos imponentes esculturas talladas en piedra que representaban a dos caballeros decapitados.

Al final del la misma está la calle de Santa Quiteria, donde se halló, desde 1400 hasta 1820 la ermita del mismo nombre.

Plaza de las Balsas

Bajamos por la calle de las Balsas, que desemboca en la plaza de las Balsas. Una calle, la calle de Paco, dotada de suculentas tabernas típicas de Murcia, cruza la plaza. Su nombre se debe a un célebre parroquiano de Santa Eulalia, mayordomo de la Cofradía de la Santa Cruz, que vivió en la Murcia del seiscientos.

Detengámonos un momento en la plaza de las Balsas. Una plaza que ya aparece en 1697 cuando el concejo de Murcia habla de las "balsas de Santa Eulalia". Reina el espacio urbano el célebre palacete que fue del poderoso Perez Calvillo (S. XVIIII). En la excavación arqueológica de un edificio de ella se halló una ceña, lo que da idea de la importancia del agua en ese lugar. A su vez, en algún lugar del mismo hubo un cementerio hasta el siglo XVIII. Una vez desaparecido se colocó una placa que hasta los años 50 subsistió que venía a decir "A la quietud y el reposo de los que duermen el sueño de la eternidad. Año 1794".

Bajando por la calle de las Balsas llegamos a la calle de San Antonio, una vía que en la Edad Media tuvo una gran importancia comercial. En él estaba el convento de San Antonio (fundado en 1400) y la calle de Rocamora, dedicada a una ilustre familia de Murcia y sobrevivió hasta el siglo XVIII. Destacó entre los siglos XVI y XVII un político murciano, Ginés de Rocamora, regidor perpetuo de Murcia y autor de la "Sphera del Universo".

Subiendo un tramo de la calle de San Antonio desembocamos a la plaza de Santa Eulalia. En primer lugar nos topamos con una escultura conmemorativa, un busto al escultor Francisco Salzillo, realizado por el también escultor Sánchez Araciel en 1899.

Plaza de Santa Eulalia

Curiosidades de la plaza de Santa Eulalia: en ella se encontraba una de las puertas medievales de acceso a la ciudad, cuyos restos se han conservado y forman parte de un museo. En este museo árabe se pueden apreciar restos de la muralla medieval que discurre por la calle Cánovas del Castillo. Donde está la capilla de San José (desde 1628 por encargo del gremio de carpinteros) había una ermita dedicada a San Blas, santo de gran devociónen el barrio como lo demuestra la procesión que, junto a la Virgen de la Candelaria se celebra los primeros días de febrero.