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PR-MU34: Camino de los Arejos

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PR-MU34: CAMINO DE LOS AREJOS

El recorrido se inicia en la pista forestal que conduce al paraje de Las Carrascas. Transcurre por una zona de umbría en la que están presentes gran diversidad de arbustos característicos del bosque mediterráneo: palmito, enebro, espino, lentisco y coscoja (especie con hojas y frutos parecidos a la carrasca). Su presencia es clave en el desarrollo y conservación del suelo. Este primer tramo constituye un magnífico mirador de la vega del Guadalentín y de las sierras interiores.

Llegando a una cota de cuatrocientos metros de altitud se encuentra el paraje de Las Carrascas. Es uno de los puntos de la finca en la que estos árboles (Quercus rotundifolia) alcanzan mayor envergadura y densidad. La carrasca es un árbol de enorme importancia por su papel como protector y formador del suelo. La disposición de sus ramas protege el suelo de las escasas pero violentas precipitaciones; la riqueza de materia orgánica que genera alrededor favorece la permeabilidad del agua de lluvia. Su capacidad de producir brotes, de cepa y de raíz, la convierten en una especie muy longeva. Además, su hojas, corteza, bellotas y raices son alimento y refugio para gran número de animales. Sin embargo, el aprovechamiento para el carboneo, leña y madera provocó la casi desaparición de esta especie.

Dispersos entre las carrascas quedan los escasísimos ejemplares relictos de alcornoques (Quercus suber) que sobreviven en la Región. Aparecen en zonas con un microclima más húmedo y sobre suelos totalmente descarbonatados, condición imprescindible para que se desarrolle esta especie.

Saliendo del paraje de Las Carrascas podemos contemplar la zona alta del Barranco de los Cañones. En el talud que forma el barranco se puede contemplar un plegamiento geológico de gran belleza. Los materiales, cuarcitas y argilitas, se presentan en estratos claramente diferenciados por los colores tan variados que presentan, ocres, rojos y beige, conformando un conjunto que continúa por el camino y la ladera adyacente.

Sobre estas rocas se ha formado un tipo de suelo llamado calcisol, por la acumulación de carbonato cálcico en las capas más profundas, en el que aparece un bosque mixto carrascal-pinar. Las carrascas son de pequeño porte y con numerosos brotes, dispuestas en corros como respuesta a la tala de antiguos ejemplares. Este bosque mixto da paso al pinar donde el pino carrasco domina el bosque casi por completo. Es en este tipo de ambientes donde tiene su hábitat el piquituerto, un ave que se alimenta de los piñones de las piñas del pino y ciprés, cuyos restos quedan en la base del arbol. Junto al pino carrasco (Pinus halepensis) aparecen ejemplares dispersos de pino piñonero (Pinus pinea). El porte globoso de la copa del piñonero, el color rojizo de la corteza desconchada, la mayor longitud de las acículas y el gran tamaño de las piñas nos permitirá distinguir éste del pino carrasco.

Llegamos a la vaguada en la que se acumula el agua tras las escasas lluvias, en un lecho de arcillas rojas impermeables, formando una charca que es utilizada por el jabalí para asear su piel, curar sus heridas y despojarse de parásitos revolcándose en el fango. Son numerosos los rastros que se pueden observar: huellas, señales de revolcón, manchas de barro en los troncos a la altura de los costados, pelos enganchados, etc. El recorrido continúa en dirección a un antiguo corral utilizado para criar y guardar el ganado lanar. Alrededor del mismo están los restos de antiguas explotaciones agrarias en las que se cultivaban, sobre todo, cereales y forraje para el ganado. Más adelante encontraremos un pequeño afloramiento de yesos.

El camino da paso a una senda colonizada por la vegetación natural, donde prolifera estepas, perpetuas y albaidas. Se observan, colgando de las ramas de los pinos, numerosos líquenes de color verde grisáceo, que por su aspecto reciben el nombre de "Barbas de Peregrino". La senda se estrecha atravesando un pinar denso con el suelo cubierto por una alfombra de lastón, que el jabalí utiliza como lecho para encamarse durante el día. El PR1 continúa en dirección sur, cruzando el Camino de los Arejos, pero merece la pena desviarse y subir al vértice geodésico Cabezo Alto, de 604 metros de altitud, desde donde se puede contemplar el Campo de Cartagena y gran parte del litoral murciano.

Volviendo al PR se continúa por una senda en la que el pinar es muy homogéneo, tanto por la distribución de los pies como por la edad de los ejemplares. Se puede disfrutar de la tranquilidad y el silencio de este rincón, contemplando además numerosos rastros de animales: restos de piñas comidas por el piquituerto, la ardilla y el ratón de campo, excrementos de perdices y de zorro, entre otros.

La rambla de Sangonera constituye el límite este del Parque Municipal. En el lecho del cauce sorprende la diversidad de colores de los materiales geológicos: los rojos violáceos de la argilita, los verdes de las arcillas muy compactadas, los pardos y ocres de las cuarcitas. La vegetación en el lecho no es muy abundante debido a la falta de suelo útil para las raices. Sin embargo, en la base de las paredes del cauce, donde hay mayor acumulación de sedimentos finos, se establecen algunos baladres, envejecidas higueras, desgarbadas retamas, pegajosas ononis, sonoros espantalobos y esqueléticas bolagas.

Junto a la rambla están los restos de una antigua mina de agua llamada La Pizorra. La canalización de agua hacia tierras agrícolas provocó una sorprendente formación en galería, debido al hundimiento de los materiales menos consistentes como las margas. Sobre esta galería resulta llamativo el contraste entre los horizontes del suelo rojo (paleosuelo) depositados sobre las blancas margas. Se le denomina paleosuelo porque su formación ocurrió hace más de 5 millones de años, bajo unas condiciones climáticas diferentes a las actuales, más cálidas y húmedas, y con mayores constrastes estacionales.

El recorrido transcurre por una senda de suaves pendientes en la vertiente Norte de Las Riscas. Se atraviesan numerosas vaguadas en donde arbustos como el lentisco, enebro y espino negro encuentran unas condiciones de mayor humedad para su desarrollo. Instalados de forma estratégica, para aprovechar el agua de escorrentía de las vaguadas, aparecen antiguos cultivos en pequeñas terrazas formadas sobre muros de mampostería seca. Se cultivaban algarrobos de cuyos frutos se obtenía un complemento de gran valor nutritivo para el ganado; en la actualidad es la fauna silvestre quién se aprovecha de este recurso alimenticio. La nueva aparición de carrascas de menor porte nos indica que estamos llegando a la misma zona donde iniciamos el pequeño recorrido.

PR-MU35: Cuevas del Buitre

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PR-MU35: CUEVAS DEL BUITRE

El recorrido comienza en una zona con un sustrato geológico de margas. Son rocas de color claro, poco compactadas, impermeables y muy erosionables. Sobre éstas hay areniscas, material más compactado y resistente a los procesos de erosión hídrica que el anterior. La escasa cubierta vegetal, junto al carácter torrencial de las precipitaciones, hace que el agua pueda fluir en grandes cantidades generando un relieve abarrancado característico y un modelado con surcos, regatos y cárcavas; un magnífico ejemplo de este tipo de paisaje lo tenemos en el cercano Barranco Blanco. Junto al camino, que nos lleva bordeando la Rambla del Buitre por su margen izquierda, existe una construcción con un arco, sobre el que pasa la antigua canalización del agua procedente de los Chorreones del Buitre.

Dirigiéndonos hacia la senda que conduce a las Cuevas del Buitre, se observa un tipo de suelo de color rojo por la abundancia de arcillas. La capa superficial es más oscura debido a la acumulación de materia orgánica en descomposición. Aparecen los primeros pies de carrasca junto con manchas de jaguarzo. Este arbusto prefiere suelos desprovistos de cal y ricos en arcillas. En algunos pinos se observan "escobas de bruja"; son malformaciones en los vasos conductores de savia elaborada, que inducen un desarrollo desmesurado de hojas provocando el debilitamiento paulatino del árbol.

Alcanzando la cota de 450 metros se atraviesa un paisaje alomado y desarbolado cuya vegetación dominante es el albaidar. La inexistencia de otro tipo de cubierta vegetal y la escasa diversidad de especies podrían ser debidas al uso ganadero y agrícola que los antiguos pobladores de El Majal Blanco daban a esta zona. El encuentro con dos árboles de gran envergadura, un algarrobo y una carrasca, marcan una zona de gran interés para la observación de los hitos más relevantes del relieve del Majal Blanco (Peñón de las Ratas, Las Riscas, Cabezo Gordo, Cabezo Pilongo y El Quemao). La senda atraviesa un pinar con un sotobosque bien desarrollado formado por numerosos arbustos: lentisco, espino, palmito, enebro, ballota, estepa y boja blanca.

Las Cuevas del Buitre, constituidas por rocas calizas, son elementos destacados en el paisaje del Majal Blanco. Debieron ser un área de posadero y nidificación del Buitre Leonado antes de que se extinguiera definitivamente de estos parajes. Estos roquedos son utilizados por numerosas aves como posadero. Al atardecer es fácil encontrar en la zona más alta un grupo de cuervos, situados contra el viento para arreglar su plumaje.

La diversidad de microambientes que en el roquedo y su entorno existen provoca la aparición de gran variedad de especies vegetales. En los posaderos se acumulan diversos restos orgánicos, sobre todo excrementos, lo que supone para la roca un aporte de nitrógeno y fósforo; aprovechando este recurso se instalan líquenes; el más frecuente es el liquen Xanthoria, muy llamativo por su color anaranjado. En las grietas más umbrosas del roquedo se instalan helechos como doradilla, polipodio y cosentinia. En las pequeñas acumulacions del suelo en las repisas, oquedades y fisuras se instalan plantas como la uva de gato, lapiedra, ombligo de Venus, teocrio y claveles de monte; la humedad de este paraje fomenta la existencia de un tapiz verde sobre un suelo constituido por el lastón y los musgos. En las laderas adyacentes la acumulación de suelo es mayor, apareciendo ejemplares de pino carrasco de gran envergadura y arbustos como el palmito, el enebro, el espino, el acebuche, la adelfilla y la efedra, entre otros.

La senda continúa por una zona constituida por dolomías fuertemente fragmentadas y plegadas, con estratos que aparecen en ocasiones totalmente verticales y donde, aprovechando las fisuras con suelo, se instala la adelfilla.

Subiremos a un pequeño cerro en el que el pinar es poco denso, la insolación es mayor y las especies aromáticas cubren gran parte del suelo, siendo frecuentes el rabo de gato, la mejorana y el poleo de monte. Desde aquí se puede contemplar, en dirección Noroeste, la cuenca del Barranco Blanco. Después de pasar un antiguo aljibe, atravesamos un pinar denso y sombrío con numerosos pies de enebro y un extenso y mullido tapiz de lastón. La zona vallada delimita una antigua explotación de dolomías. Se trata de una roca muy compactada, utilizada como material de construcción por su gran resistencia a los agentes atmósfericos. Se recomienda no acceder a la zona por la propia seguridad de los visitantes.

La senda desciende suavemente hasta llegar a la Rambla del Buitre. El pinar sigue teniendo una densidad alta y el matorral dominante es el lentisco, observándose ejemplares de porte globuloso y de gran envergadura, que con su extensa cobertura protegen el suelo de los procesos de erosión hídrica.

Llegando a una camino más ancho encontramos los resos de una antigua explotación de yesos, en la que se aprecian la diversidad de colores que pueden presentar cuando se encuentran en contacto con otros materiales geológicos. Aquí se cruza la Rambla del Buitre, la de mayor longitud de El Majal Blanco. En los limos y arcillas del lecho es frecuente encontrar huellas de zorro y jabalí.

Nos espera un tramo de carretera asfaltada, cuyo pinar estuvo fuertemente afectado por una plaga de barrenillo, un escarabajo perforador que provocó la muerte de numerosos ejemplares. Otra plaga que ha afectado las masas forestales de pinos de esta zona es la procesionaria.

En el inicio de las pista aparece un suelo rojo. Se le considera un paleosuelo ya su formación ocurrió hace más de cinco millones de años, bajo unas condiciones climáticas diferentes a las actuales, más cálidas y húmedas y con mayores contrastes estacionales. A pocos metros se encuentra uno de los pocos ejemplares de terebinto existentes en El Majal Blanco, llamado también "cornicabra" por el aspecto de sus agallas. Desde la pista forestal merece la pena desviarse hacia El Quemao para contemplar una magnífica panorámica paisajística, tanto del interior de la finca como de la Vega del Guadalentín y de las sierras interiores (Espuña, La Muela, Ricote, El Carche, La Pila, etc).

La pista forestal desciende entre taludes de argilitas muy fragmentadas, ocasionando desprendimientos en forma de lajas. Instaladas en estas laderas de suelos rojos y con fuerte pendiente aparecen, entre el pinar, grupos dispersos de carrascas de porte considerablemente grande. En el borde del camino hay unos cipreses muertos donde se pueden ver, en la parte alta del tronco, los agujeros barrenados por el pito real para hacer su nido.

Tras cruzar la carretera asfaltada se alcanza una pista forestal con taludes formados por areniscas de color amarillo claro. Vuelven a aparecer pies dispersos de carrascas instaladas sobre suelos pardos, típicamentes forestales, lo que demuestra la tolerancia de este árbol a distintos tipos de suelo. También es posible observar una característica asociación vegetal compuesta de palmito y espino.

El camino conduce de nuevo a la Rambla del Buitre. La vegetación está relacionada con el mayor grado de humedad del suelo, apareciendo juntos, baladres, rosales silvestres y siscas, entre otras especies. Volvemos a encontrar los restos del antiguo caño que nos da la pista de estar próximos a retomar el camino por el que inicamos este Pequeño Recorrido y por el que tendremos que volver al punto de partida.

PR-MU52: BARRANCO BLANCO

PR-MU52: Barranco Blanco

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El recorrido transcurre inicialmente por una zona de umbría. El pino carrasco (Pinus halepensis) es la especie dominante del estrato arbóreo, presentando una densidad alta si se compara con otras áreas del Majal orientadas a Sur o a Oeste. La distribución espacial, bastante azarosa, de los distintos ejemplares de pino, junto con la diversidad de tamaños y por tanto de edades, que presentan los troncos hace pensar en un bosque naturalizado. El matorral está compuesto mayoritariamente de romeros pero son abundantes las albaidas, tomillos, poleo de monte y uña de gato.

Tapizando el suelo aparecen extensas manchas de liquen Cladonia convoluta, especie que se asienta sobre el suelo de manera muy laxa y que tiene una enorme fragilidad al pisoteo como se puede comprobar en este y otros tramos del recorrido.

Junto al pino carrasco aparece, aunque con menor frecuencia, otra conífera, el pino piñonero (Pinus pinea). Se pueden distinguir por el tamaño de las acículas (hojas), considerablemente más grandes en el piñonero; también por el tronco, ya que el piñonero tiene una gruesa corteza profundamente agrietada de la que se desprenden placas dejando ver un color interior pardo-rojizo y sobre todo por el aspecto de las piñas, globosas y grandes en el piñonero y, cónicas, pedunculadas y más pequeñas en el carrasco.

El camino nos conduce a la rambla del Buitre en su tramo medio-bajo. Esta rambla surca gran parte del Majal Blanco en dirección Sur-Norte, atravesando los diversos tipos de materiales geológicos presentes en la zona. El lecho del cauce tiene una apariencia de mosaico debido a los diversos colores que los fragmentos de rocas le dan: pardos y ocres de las cuarcitas, rojos violáceos de las argilitas y grises de las dolomías.

La pista forestal continúa por una zona de cultivo de cítricos abandonada, donde varias especies silvestres empiezan a colonizar estos suelos muy nitrificados y alterados, siendo frecuente la presencia de la bufalaga, el marrubio y la olivarda. Cruzaremos la carretera denominada Cañada Escondida para tomar la pista forestal que nos aproxima a las ruinas de la Casa de la Perdiz.

Merece la pena hacer una parada junto a estas ruinas, desde aquí se descubre una de las mejoras vistas del Barranco Blanco. Contemplar esta zona abarrancada puede producir diferentes sensaciones, pero seguro que no nos dejará indiferentes.

El nombre de "Barranco Blanco" se debe al color gris claro de la roca que lo constituye: las margas. Estas son rocas de permeabilidad muy baja, de poca consistencia y fácilmente disgregables. La baja permeabilidad de estas rocas favorece la generación de escorrentía tras la lluvia y el arrastre de sedimentos a lo largo del barranco. La pérdida de suelo se desarrolla con gran dinamismo ya que se trata de un terreno abrupto de laderas con fuertes pendientes, por lo que el agua discurre con la energía suficiente para arrastrar las margas que son disgregadas dada su baja consistencia y alta fragilidad. La falta de nutrientes en el suelo hace que la vegetación sea escasa y, como consecuencia, el papel protector que ejercen éstas sobre el suelo es muy reducido. Además las características climáticas de la región con escasas, pero torrenciales lluvias, revierten en el desarrollo de los procesos erosivos en estas formaciones.

El camino continua bajando suavemente por una loma que permite, en días claros, una amplia panorámica paisajísticas tanto del Majal Blanco como de las sierras y vegas regionales.

Desde esta misma loma se consigue una visión más cercana de un cauce secundario del barranco, que transcurre paralelo al principal y en el que se hace evidente el vigoroso contraste entre la cobertura vegetal en las vertientes de umbría frente a las de solana. La cobertura vegetal es escasa pero más densa en las zonas de umbría, aquelllas orientadas a Norte y Este, que las orientadas a solana. Una de las especies más frecuente es el lastón que tapiza los taludes margosos dando aspecto grisáceo en invierno y verdoso en primavera. Acompañan al anterior el albardín muy parecido al esparto, la avénula y la esparceta.

Nos encontramos por tanto con un paisaje formado por un mosaico de distintos ambientes: el denso pinar, con sotobosque bien desarrollado; las terrazas de olivos con tierras roturadas para el cultivo de cereales, los cultivos abandonados, que dejan espacios abiertos con matorrales de escaso porte; y los pinares, formando masas de escasa densidad que van colonizando espacios antes dedicados al cultivo agrícola, generándose una transición desde áreas más naturalizadas a otras más humanizadas. Este mosaico de ambientes genera una variedad de hábitats y fuentes alimenticias, favoreciendo el desarrollo de numerosas especies animales.

En este tramo del camino se puede observar un paleocauce. Se trata de un lugar que ocupó un curso de agua hace millones de años. Lo que se aprecia es un depósito de "cantos rodados". La forma redondeada que presentan las rocas que constituyen el depósito se debe a la acción ejercida por el agua durante el transporte.

El camino se adentra en la Cañada de las Oliveras que es el lecho del barranco y la zona de menor altitud del recorrido. Este cultivo de secano, estratégicamente situado, colecta el agua de las zonas topográficamente más elevadas ya que es la vía de avenamiento del Barranco Blanco. Este es un tramo de especial interés de fauna ya que el olivar es utilizado como refugio o escondrijo y como fuente alimenticia ya que las olivas tienen un alto valor energético.

El camino avanza en dirección Sur por la margen inzquierda del Barranco Blanco. En este tramo se pueden percibir de cerca las distintas manifestaciones de la erosión hídrica y cómo esta va actuando sobre el paisaje de forma gradual. La escasa cobertura vegetal deja el suelo expuesto al impacto de las gotas de lluvia favoreciendo la erosión por salpicadura con la consiguientes disgregación del suelo. Estas partículas disgregadas son arrastradas por el agua superficial que se concentra progresivamente en pequeños surcos o canalillos, alcanzando zonas de pendientes acusadas y transformándose en canales de mayor envergadura. El flujo del agua va aumentando y se forman las cárcavas. El desprendimiento y posterior hundimiento de las paredes de las cárcavas, desde zonas deprimidas hacia zonas más altas del barranco, provoca el ensanchamiento y ampliación de la zona abarrancada, llegando incluso a socavar los caminos.

Nos adentramos en una zona de umbría en la que se detectan restos de antiguas explotaciones agrícolas: pequeñas terrazas de mampostería con pies dispersos de algarrobos. Aparecen ejemplares de pino piñonero aunque la masa dominante es de pino carrasco. Encontraremos algunos pinos afectados por los barrenillos de las cortezas. Se trata de pequeños escarabajos horadadores que realizan túneles y galerías en las cortezas de troncos y ramas gruesas de los pinos. El daño se produce porque interrumpen la circulación de la savia provocando la muerte de ejemplares infectados.

La vegetación presenta el mayor desarrollo tanto en densidad y porte como en cobertura. El suelo está tapizado por lastón. En primavera se disfruta de la corta pero grata presencia de orquídeas y gladiolos. El pinar es denso y son muy abundantes los enebros, espinos y lentiscos. Aparecen pies dispersos de palmito. La panorámica hacia el barranco es magnífica y merece la pena hacer una parada.

La senda nos conduce al nacimiento del Barranco Blanco, lugar donde el agua emerge durante todo el año, acumulándose en una pequeña charca en cuyo entorno aparece un carrizal. Tanto aves como mamíferos aprovechan este pequeño humedal como bebedero y refugio. Incluso se detecta la presencia del jabalí si se observan los troncos de los árboles de los alrededores, ya que presentan manchas de barro de los restregones que se dan estos mamíferos para quitarse los parásitos después de un revolcón en la charca.

La senda encaminada hacia la pista forestal nos lleva la final del recorrido.

PR-MU53: BARRANCO DE LOS CAÑONES

PR-MU53: Barranco de Los Cañones

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Desde la Plaza de Las Moreras, el recorrido transcurre por la umbría hacia la Rambla de las Cuevas del Buitre entre pinar y matorral compuesto por romero, albaida, tomillo.... . Al llegar a la rambla de las Cuevas del Buitre se puede observar el aspecto de mosaico de diferentes colores del lecho del cauce: colores pardos y ocres de las cuarcitas, rojos violáceos de la argilita y grises de la dolomía. En esta zona aparece vegetación típica de ramblas como el baladre y espantalobos.

Bordeando el camino , en un giro a la derecha aparece una pared de margas, un material poco compactado y frágil ante los procesos de erosión que predominará en este recorrido. tapizando la ladera aparecen abundantes pies de albardín, también llamado falso esparto. Esta especia ejerce un papel muy importante como protector del suelo ya que amortiguay retiene el agua, favoreciendo su absorción.

A lo largo del camino se aprecia el efecto de la erosión del agua sobre zonas desprovistas de vegetación.El camino desciende suavemente hacia una antigua explotación agrícola. en estas terrazas de cultivos abandonadas se han desarrollado experiencias relacionadas con la reforestación de tierras marginales: se trata de evitar que estas tierras desprovistas de vegetación sufran los efectos de la erosión del agua y del viento.

El camino desciende hasta llegar a la rambla, donde aumenta la sensación de fresco y humedad.La vegetación propia de zonas húmedas convive aquí con falsos pimenteros, algarrobos y eucaliptos. Tras recorrer el cañar, que indica la presencia de agua en este tramo, el camino conecta con la carretera que conduce al CEMACAM y que continúa hasta la Plaza de las Moreras, punto de partida.

 

PR-MU55: PICO DEL ÁGUILA.

PR-MU55: Pico del Águila

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El paisaje en este tramo del recorrido, mantiene señales de los antiguos pobladores del Majal. Una de especial interés es el cultivo de algarrobos. Pueden verse en pequeños bancales que constituyen un sistema de retención de agua y de sedimentos. Los bancales, formados sobre muros de mampostería seca, fueron construídos con rocas procedentes de las cercanías, por lo que es frecuente el uso de arerniscas.Las areniscas, de color ocre-amarillento, son el material litológico que vemos en este primer tramo. Paulatinamente irán apareciendo otras rocas de intenso color rojizo llamadas argilitas. Intercaladas entre las argilitas se disponen vetas de conglomerados y brechas de diversos colores, con un aspecto aturronado.La orientación Norte de esta primera parte del recorrido favorece la existencia de una cubierta vegetal muy desarrollada y densa. El pino carrasco junto con numeroosos pies de carrasca forma el dosel arbóreo. El sotobosque está constituido por numerosos arbustos, entre otros: lentisco, enebro, palmito y espino negro y tapizan el suelo extensos lastones.

Llegamos a la cantera de argilitas, que tradicionalmente se han utilizado para impermeabilizar las viviendas en revestimientos y pavimentos. Las argilitas son rocas formadas por arcillas compactadas poco permeables al agua. A lo largo de todo el recorrido, especialmente en las zonas de umbría y en las vaguadas en las que el suelo es rico en residuos orgánicos, se pueden observar diversas especies de hongos. Destaca por su frecuencia, el cuesco de lobo y por su espectacularidad el clatro rojo o cara de bruja.

Cruzamos ahora una de las pocas solanas que atraviesa el recorrido desde donde se pueden contemplar, hacia el Oeste, los resaltes rocosos de las Cuevas del Buitre. La carretera nos lleva a la casa del Majal Blanco, antigua edificación rehabilitada en 1990. Su localización no es casual, la suavidad de las pendientes y su enclave geográfico dentro de la finca, le atribuyen una funcionalidad.que hasta hoy se ha conservado, convertida en Aula de Naturaleza y Guardería Forestal. La tipología del edificio (vivienda-corral-establo) indica su uso ganadero, fudamentalmente ovino, como principal fuente para arraigar la presencia humana en estos parajes. Otra peculiaridad que ayudó a determinar el enclave de esta edificación fue la cercanía de dos canteras, también importantes para la economía del lugar: la de argilitas que ya hemos visto, y la de yeso, fácil de visitar por su cercanía.

Pronto abandonaremos esta pista para tomar el camino que nos va a conducir, zigzagueando por la ladera orientada a Norte, hacia el Pico del Águila. La ampliación que se hizo de este camino dejó al descubierto taludes verticales en los que se aprecian potentes estratos de filitas que destacan por la diversidad de sus colores: grises, verdes y negras. Son frecuentes las acumulaciones de lajas de esta roca en los márgenes del camino debido al resquebrajamiento y desplome. Junto al camino, aprovechando el agua de escorrentía de un ramblizo procedente del Pico del Águila, hay instalado un bebedero para animales. Alrededor del bebedero se pueden observar huellos y revolcones de jabalí y también es posible escuchar y ver pequeñas aves como el herrerillo, el carbonero y la curruca.

Recorremos un tramo con extensas manchas de lentiscos, jaras y jaguarzos. La densidad es tan alta en algunas zonas que se hace impenetrable. El lentisco tiene un fruto que es una drupa redondeada de color rojo al principio y negro al madurar. Los frutos de las jaras y jaguarzos son cápsulas que en su interior contienen enormes cantidades de semillas, que se van desprendiendo poco a poco y quedando junto a la planta madre. De todas estas semillas solo unas pocas consiguen germinar ya que tienen una cubierta dura y poco permeable al agua que dificulta su germinación. Las altas temperaturas de un incendio puede provocar en las semillas el deterioro de esta cubierta y favorecer la germinación, por este motivo han sido consideradas plantas pirófitas (amantes del fuego). La alta densidad del matorral, junto con el dosel arbóreo y el tapiz herbáceo del suelo protegen las zonas donde la pendiente de las laderas es muy grande y la permeabilidad del suelo es escasa, minimiznado los efectos de la erosión hídrica.

El tramo siguiente ofrece un mirador sobre el paisaje de las vegas del Guadalentín y del Segura, así como de las poblaciones que se extienden por las mismas: Sangonera, Alcantarilla, Murcia, Molina de Segura,... también es el mejor observatorio de la cuenca de las Cuevas del Buitre, la más larga y con mayor número de cursos del Majal Blanco. Se pueden observar, en la laderas próximas a la pista forestal, tocones de pino con acumulaciones de madera triturada en sus cercanías. La causa fue le tratamiento que tuvieron que recibir un gran número de pinos afectados por una plaga de insectos perforadores, conocidos como barrenillos. Atacan a los pinos impidiendo la circulación de la savia y produciendo la muerte de los ejemplares afectados. Para acabar con la plaga se talan los pinos enfermos y se tritura la madera, destruyendo así las galerías en troncos y ramas donde se encuentran insectos adultos, larvas y un gran número de huevos.

Nos adentramos en un tramo de senda. La cantida de restos, huellas y excrementos de animales que se encuentran aquí es un claro indicio de la tranquilidad del hábitat. Se pueden distinguir señales que indican la presencia del ratón de campo, del conejo, del zorro y del jabalí. También es posible el avistamiento de aves rapaces, siendo el más frecuente el ratonero.

Durante un largo tramo el camino discurre cumbreando. Es una divisoria calra de dos ambientes: a un lado la umbría y el bosque, refucio de caza para los animales; al otro la solana que permite, enlas zonas más llanas, el cultivo de almendros, uno de los árboles más extendidos pro zonas de secano. La Consejería de Medio Ambiente realizó en 2004 un "área cortafuegos" que recorre la línea de cumbres de la sierra. No es un cortafuegos convencional, donde el suelo queda totalmente desnudo, sino una franja en la que se hace, de forma selectiva, una eliminación del matorral, una tala de árboles y una poda de las ramas secas o aproximadas al suelo, qeu son las que prenden con mayor facilidad. Esta franja, de unos cuarenta metros de ancho, conecta espacios despejados como zonas de cultivo, caminos y roquedos, con el fin de ralentizar el fuego en el caso de un incendio forestal.

El tramo final es una senda entre roquedos formados por rocas calizas. Sobre estas aparece las costras anaranjadas del liquen Xantoria. El Pico del Águila ofrece una extensa panorámica paisajística, ya que sobresale entre otras cumbres del Parque Natural de El Valle-Carrascoy, pudiéndose observar desde la Sierra de la Cresta del Gallo hasta los Filos, punto más alto de este parque, con Las Navetas a su falda. Las vistas que proporciona la vertiente Norte, es la de las Vegas del Guadalentín y del Segura franqueadas por las sierras de Espuña, la Muela, Ricote, el Carche, La Pila, Barinas y las sierras alicantinas. Hacia el Sur, si las condiciones meteorológicas son favorables es posible distinguir el Campo de Cartagena, con el Cabezo Gordo, el Mar Menor y sus islas, La Manga, Isla Grosa, montes litorales cartageneros (de las Cenizas, de la Fausilla), Bahía de Cartagena, Peñas Blancas, Cabo Tiñoso e incluso la Bahía de Mazarrón.

Alternativa para la vuelta: el PR-24 es un recorrido lineal, de ida y vuelta. Desde la cumbre del Pico del Águila se retorna por el recorrido que nos ha traído. Pero también se puede tomar una ruta alternativa, que nos permitirá ver otras zonas del Majal, continuando, en dirección Este, la pista que abandonamos antes de subir a la cumbre. Por ella se alcanza el Camino de los Arejos que, descendiendo en dirección Norte, llega hasta un cruce de caminos. Siguiendo la señalización del Aula de Naturaleza del Majal Blanco llegaremos de nuevo al recorrido inicial.

 

SL-MU15: SENDERO FAMILIAR "ALCALDE MIGUEL ÁNGEL CÁMARA BOTÍA".

SL-MU15: Sendero familiar "Alcalde Miguel Ángel Cámara Botía"

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Este recorrido, de 2,5 kilómetros de longitud, se ha ideado para que grandes y pequeños disfruten recorriendo parte del entorno natural del Parque Forestal Municipal El Majal Blanco mientras descubren aspectos relacionados con la flora y la fauna, la geología y la historia del lugar gracias a los paneles interpretativos que se encuentran a lo largo del recorrido.

Desde la Plaza de las Moreras, para iniciar el recorrido hay que descender unos 300 metros por la carretera hacia la Urbanización Torreguil hasta encontrar a la izquierda un pequeño rellano donde se encuentra el panel de inicio.

El primer tramo de este sendero discurre en dirección a la Rambla de las Cuevas del Buitre, en donde la sensación de frescor se agradece en verano y donde se pueden observar especies de flora característica de estos ambientes como las adelfas. Tras recorrer la rambla, el camino conecta con la Vereda del Camino de la Naveta, una antigua vía pecuaria por donde discurría el ganado y asciende en una suave pendiente en dirección a las Cuevas del Buitre siguiendo el recorrido del PR MU35.

Tras dejar el PR de las Cuevas del Buitre a la derecha, el camino continúa entre palmitos, albaidas, tomillos, romeros, pinos y carrascas hasta cruzar de nuevo la Rambla de las Cuevas del Buitre y remontar hacia un collado en el que se puede disfrutar de una vista panorámica hacia el Valle del Guadalentín. Finalmente, el recorrido desciende por una acusada pero divertida bajada hasta llegar a la Plaza de las Moreras.

 

Estrategia Local de Lucha contra el Cambio Climático

Actuaciones para cumplir los objetivos del protocolo de Kioto