Murcia

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El Barroco Murciano

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EL GLORIOSO BARROCO MURCIANO (EL SIGLO XVIII)

Edificio del Contraste de la Seda (S.XVII).

Una época de cambios

Puede decirse que el siglo XVII fue grave no solo para Murcia sino para el resto de Europa. Muchos historiadores coinciden en señalar que en ese siglo hubo una alteración climática significativa caracterizada por un descenso global de las temperaturas. Se ha llegado a decir del siglo XVII que fue un periodo de crisis generalizada en todo el planeta materializada en unos acontecimientos muy particulares: el agotamiento de las minas peruanas, el derrocamiento de las dinastía Ming en China, la guerra de los treinta años en Europa... etc.




 

Retrato de Carlos II de Austria.

La Guerra de Sucesión

Paradójicamente las fuentes escritas más directas como los libros de diezmos de la Iglesia indican que el último tercio del siglo XVII fue de recuperación tanto para las personas como para las cosechas. Sin embargo esta situación de superación de los males no se correspondió con el panorama político ya que con el fin del siglo se producía el fin de la dinastía de los Austrias. En efecto, con la muerte de Carlos II dos pretendientes trataron de recoger su herencia: Felipe de Anjou y Carlos de Habsburgo. Este conflicto fue especialmente virulento en el reino de Murcia a causa de la enconada defensa que de los derechos del primero realizó el obispo Luis Belluga Moncada. Éste fue instituido obispo en 1705 y virrey en 1706 contribuyendo a organizar la provincia para la causa borbónica. Pese a la conquista de Alicante y Cartagena por los partidarios del pretendiente austriaco, Murcia resistió derrotando a un ejercito del archiduque Carlos en la célebre batalla del Huerto de las Bombas (4 de septiembre de 1706). Tras la victoria borbónica en Almansa, el rey Felipe V concedió a la ciudad de Murcia, en sincero agradecimiento, junto con un león portador de una flor de lis y la leyenda "priscasnovissime exaltat et amor", la séptima corona en el escudo de la ciudad que le había sido tan leal. Las otras seis coronas fueron logradas a cargo de Alfonso X (cinco) y el desdichado Pedro I (una).

Retrato de Felipe V de Borbón.

El reformismo borbónico

Tras la guerra, la Murcia del siglo XVIII emprendió un camino de crecimiento basado en la aplicación del reformismo borbónico. Esto pudo ser así porque la centuria del 700 correspondió a la era de la Ilustración. Y como tal, las elites gobernantes, promovidas por los propios Borbones -Felipe V, Fernando VI y Carlos III- se hicieron eco de esta concepción universal; su materialización en Murcia fue rápida: La reforma y consolidación del Malecón; política de arbolado con la creación de alamedas, organización de una red de alcantarillado -el primero desde época islámica quinientos años antes, en 1243-; etc. En parte gracias a estas iniciativas, la ciudad aumentó de la población lo que obligó al Concejo a permitir la ocupación de la otra ribera del río: entonces se acabó el Puente de los Peligros (1742) y se proyectó, en 1758, la Plaza de Camachos iniciándose las obras en esa fecha hasta 1766. Su primera función fue la de servir como plaza de toros ya que la antigua, ubicada en la Plaza de las Agustinas, se había quedado pequeña. De ahí que la citada plaza conserve la planta cuadrada pese a que en un principio se idease elíptica.

Luis de Moncada y Belluga, obispo de Murcia desde 1705 y virrey de Valencia desde 1706.

El siglo XVIII fue una época de clara recuperación de todo el reino de Murcia pese a existir alguna calamidad aislada. Las mentalidades habían variado adaptándose a las nuevas concepciones ideológicas que en Europa iban a desembocar en la Revolución Francesa. No obstante, en España las estructuras de la sociedad, fuertemente ligadas a linajes y grupos de poder como la nobleza y el clero aún persistían en su ideal de sociedad fuertemente verticalizada sin posibilidad de evolución social pese a los esfuerzos reales de dinamizar el ascenso social para aquellos individuos merecedores de tal distinción. Ejemplo de esta situación fueron las dificultades impuestas por la Inquisición contra dos murcianos, Melchor de Macanaz y José Moñino en su celo por frenar sus propuestas reformadoras. Otro ilustre murciano sometido al escrutinio de aquella institución fue el médico Diego Mateo de Zapata, célebre tratadista que compaginó fe y ciencia con el patronazgo de la iglesia de San Nicolás de Bari de la ciudad.

Fachada de la Catedral de Murcia, obra de Jaime Bort.

El glorioso barroco murciano

Pero los siglos XVII y XVIII fueron, verdaderamente, los siglos del Barroco, del Barroco murciano, del Barroco llevado de la mano de la Iglesia. Una excelencia artística nacida de la apuesta Contrarreformista del Concilio de Trento. Así, en Murcia, los excedentes procedentes de las rentas de los territorios de la Iglesia -como los producidos por las fundaciones de Belluga, esto es, las desecaciones y repoblaciones de la desembocadura del Segura- permitió la reconstrucción de las viejas iglesias góticas y su transformación en iglesias barrocas, la fabricación de la magnífica fachada de la Catedral o, por un complejo efecto rebote socioeconómico, la realización de las célebres imágenes pasionales de Francisco Salzillo.

San Antonio Abad, obra de Francisco Salzillo.