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Santa María - San Bartolomé

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Recorrido histórico

Situado en el mismo centro de la ciudad de Murcia, este amplio barrio acoge una parte sustancial del casco antiguo de la ciudad. Constituido por los contornos de la Catedral, iglesia de San Bartolomé y las célebres calles de Platería y Trapería.

Catedral y plaza adyacente

Los primeros vestigios que nos acercan a la historia de este barrio viene de la mano de la arqueología, indicando que desde el siglo IX y X, ya había una ocupación permanente de los primeros habitantes árabes en forma de grandes mansiones, dotadas, al parecer, de pequeños huertos contiguos y, en algunos casos, de baños privados; excavaciones realizadas en la calle Platería y Zarandona dan fe que la vida de la recién fundada ciudad de Mursiya giraba en torno a este barrio para poco después extenderse hacia sus vecinos.

Durante la Edad Media, la vida comercial y política de la ciudad se plasmó en sus calles, sobre todo en el entorno de la mezquita mayor (actual Catedral) y del alcázar (entorno de la iglesia de San Juan de Dios). El descubrimiento de pequeñas habitaciones -adosadas a las casas islámicas- dirigidas a la calle relevan el importante papel del pequeño comercio, de las pequeñas tiendas; y los restos de una gran corrala, descubierta en donde hoy se ubica la ampliación del ayuntamiento parecen confirmar esta idea.

Plaza de la Catedral-Ayuntamiento nuevo

Con la conquista castellana, entre 1243 y 1266, el barrio empezó a transformarse. Los repartimientos nos hablan de zocos, tiendas y baños entregados a personajes importantes de la comitiva real. El Dar al-sarif (la casa del príncipe) fue transformada en la sede del Concejo y el edificio colindante, en la residencia del adelantado del reino de Murcia; por su parte la mezquita mayor pasó a ser la catedral de Murcia. Sin embargo, a lo largo de la Baja Edad Media el barrio perdió el carácter comercial -que no artesanal, que empezó a singularizar las calles- que había tenido en época islámica debido, sobre todo, a las disposiciones reales que impulsaron la celebración de los mercados en la Plaza de Santo Domingo y Plano de San Francisco. Pocas obras se hicieron entonces: únicamente se empezaron las obras de acondicionamiento de la Catedral y en sus inmediaciones, la nobleza local dispuso de palacetes que, junto con los ubicados en la huerta, en las proximidades de la ciudad, servían de doble residencia. Así, los palacios de los Pacheco o Fontes, por poner un ejemplo, son un apreciable ejemplo de este impulso arquitectónico.

En el siglo XVIII, trescientos años después de la Reconquista, se acometieron las principales reformas del barrio. Por ejemplo, la Catedral recibió un impulso definitivo: se realizó el imafronte barroco; se completó la torre; etc., se reedificaron algunos palacetes y, sobre todo, se levantó el nuevo palacio episcopal en el lugar del antiguo palacio del adelantado, permitiendo, con esta permuta, abrir la entonces denominada plaza de Santa María (hoy Cardenal Belluga).

Ese siglo fue catalizador de numerosas tradiciones y costumbres que han llegado hasta nuestro días tales como los oficios artesanos fuertemente arraigados en el barrio que dieron nombre a las calles (como por ejemplo Frenería, Trapería o Platería) o las procesiones de marcado carácter barroco.

Calle de trapería

Calle de Platería























 

El desarrollo técnico de los servicios, en los siglos XIX y XX, hizo que el barrio más antiguo de Murcia fuera consolidándose como residencia de la alta burguesía murciana hasta tal extremo que toda la vida social se concentró entorno al Arenal (hoy Glorieta) y las calles Trapería y Platería, como nos enseñan las antiguas fotografías sobre la ubicación de las redacción de los diarios y los café-tertulias de corte liberal; la construcción de la Casa Consistorial en 1848 y del Hotel Victoria en 1883 son muestra palpable de la importancia del barrio.

En la actualidad, muchos de sus tradiciones y vestigios materiales tales como procesiones, monumentos, cafés, etc. hacen de este barrio un centro de confluencia de los murcianos y sus visitantes, siendo un ejemplo de conservación y cuidado del pasado con el desarrollo de una ciudad del siglo XXI.

Lugares con historia

Son muchas las esquinas, los callejones y los solares que esconden una parte de la historia de un barrio, a continuación, a través de un recorrido, vamos a relatar algunos detalles, anécdotas y curiosidades, como ejemplo del enorme esplendor del barrio de Santa María.

Plaza e Iglesia de San Bartolomé

Algunas de las calles de Murcia son verdaderamente antiguas. Ocurre con la calle Tomás Maestre, llamada antes calle de la Palmera; designación que viene, al menos, de 1415, cuando en sus inmediaciones había un corral con ese nombre, donde se recogían ganados en la noche murciana.

Muy cercana, tras pasar la calle de Sol (que debe su nombre a una puerta medieval del mismo nombre) llegamos a la calle Puxmarina, ejemplo de calle que debe su nombre a personajes y linajes importantes para la historia. La calle de Puxmarina, que debe su nombre a una noble familia asentada en la ciudad desde 1350 y que poseyó numerosas propiedades en la huerta y en la ciudad. En el siglo XIX, esta calle pasó a denominarse calle de Correos, por hallarse en ella la estafeta de la ciudad sin embargo la tradición hizo que pasados unos años recuperara su antiguo nombre. Muy cerca:

Fue la Edad Media una época de gran crecimiento para el centro. Murcia, al final del siglo, contó con varios impulsores en materia de urbanismo. Uno de ellos fue el deán de la Catedral Martín Selva, quien fundó numerosos conventos en la ciudad: uno de ellos fue el de Madre de Dios, de las Madres Justinianas, que le dio nombre a la calle; fundado en 1490, la obra fue patrocinada por el obispo Arias Gallego. En sus cercanías subsistieron unos baños árabes hasta la mitad del siglo XX.

Un poco más arriba se encuentra la calle de la Sociedad, cuyo nombre se debe a la ubicación de la sede de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, desde 1777.

Virgen de las Angustias, de la Iglesia de San Bartolomé

Llegamos al barrio de San Bartolomé y calle Platería, tradicional punto de encuentro de tiendas en finas telas, plateros y joyeros al menos desde 1552. La iglesia tuvo, al parecer, una primera fábrica gótica que fue remozada en época renacentista; sin embargo, en 1786 se derrumbó parte de la bóveda y el crucero. A mitad del siglo XIX fue reedificada con el actual estilo ecléctico. En esta parroquia fue bautizado José Moñino, conde de Floridablanca.

Antes decíamos que algunas de las calles de Murcia son verdaderamente antiguas. Esto ocurre con la calle actor Díaz Mendoza, considerada como una de las más antiguas de Murcia pues en la documentación municipal se remontan sus primeras referencias a 1417 cuando, entonces, se denominaba calle de la Parra; denominación, por cierto, se mantuvo hasta los años sesenta del siglo XX. Muy cerca, en el espacio donde están hoy las espaldas del Banco de España se situó, al menos desde el siglo XVII, la placeta de los gatos, sin que se sepa el porqué de ese nombre.

En rigor, la Edad Media fue el fundamento de numerosas calles. Tal vez el carácter comercial de la calle Trapería se debiera a los numerosos mercaderes malteses, genoveses y catalanes, que durante el siglo XIV se establecieron en sus inmediaciones. Tal vez por su relación con los viajes y largas distancias, en las cuatro esquinas había un altar de piedra dedicado a San Cristóbal con una escultura dedicada a este santo, que subsistió hasta el siglo XIX.

Paralela a la citada Trapería, existió hasta el siglo XX el callejón del Bruto, hoy transformado en calle de los Peligros. Todavía puede admirarse una hornacina hoy vacía que presidía una imagen de vestir de la Virgen del Carmen desde, al menos, 1670. En sus inmediaciones se hallaba la célebre farmacia Ayuso, centro de tertulias sociales y políticas en la primera mitad del siglo XX.

Llegamos al casino de Murcia. Una obra del siglo XIX. Como curiosidad diremos que aprovechó, al menos, una calle: la calle del taller, que conforma hoy la entrada al Salón comedor; interesante su recibidor morisco, salón de baile y, en general, el conjunto monumental.

Casino de Murcia: recibidor mudéjarCasino de Murcia: patio pompeyano










































 

Callejeando por el interior, entramos en la calle de Marín Baldo, antes denominada calle del porche del Socorro pues había allí un porche con una imagen de esta Virgen. Allí estaba el palacio del conde del Valle de San Juan, y muy cerca:

La residencia de dos familias ilustres: los Fontes y los Pacheco. La plaza conformada hoy se denomina plaza de Fontes (antes de Lázaro) y los palacios son oficinas gubernamentales.

En las inmediaciones de estos palacios hay dos calles de gran tradición histórica. Por un lado la calle de Polo de Medina (era antes calle del cabrito, así consta en 1760 y, antes, calle del Horno). En una excavación arqueológica se hallaron restos de un cementerio árabe y encima unos baños, lo que da idea de la importancia de la vía. Dice la leyenda que se llamó del cabrito porque un parroquiano de ella llamado señor Juan que era zapatero y muy borrachín regresaba de una farra y en medio de la noche halló un cabrito que lo echó al hombro. Cuando cruzó un charco y se reflejó vio al mismísimo diablo y del susto se desmayó.

Por su parte, la calle Sánchez Madrigal se llamaba antes calle del porche de San Antonio porque en él había una imagen de este santo, que desapareció en 1868. A finales del siglo XIX, en 1893, desapareció el porche.

Desembocamos a la plaza del cardenal Belluga (antes plaza de Santa María). Una singular batalla relaciona la vecina calle de San Patricio con Murcia: la batalla de los Alporchones (1452) en la que las huestes murcianas vencieron a los granadinos. La calle se llamaba antes calle de la cárcel por hallarse en ella la cárcel real o del concejo. Durante el siglo XIX estuvo el primitivo parque de bomberos.

Plaza y puerta de Los Apóstoles

Rodeando las bellas capillas de Junterones y de los Vélez a la plaza de los Apóstoles, denominada así por la bella portada medieval de la Catedral. En esta plaza se ubicó el seminario de San Leandro, que, en el siglo XIX, se convirtió en posada y, durante el siglo XX, en sede del diario "La Verdad".

Introducidos por un lateral de la capilla de los Vélez, entramos en la calle de Oliver, donde se halla la puerta del Pozo de la Catedral, nombre recibido de un pozo que se encontraba al lado de la puerta de la iglesia, y que databa, al menos, del siglo XVI. Curiosa obra pública dio nombre a su vecina calle: el callejón de los Cubos (también, de las siete vueltas); nombre recibido porque -dice la leyenda- era donde quedaban los sillares de la construcción de la torre de la Catedral.

Al salir del callejón de los Cubos aparecemos en la plaza Jaime Campmani, y un poco más adelante la calle del Horno de la Fuensanta, que ha servido para dar nombre a una tradicional confitería de la ciudad.

En su bocacalle, hallamos la actual calle Radio Murcia, antes denominada calle de la Nevatería pues allí estaba el depósito de nieve de la ciudad, de suma importancia para el comercio de la ciudad; una nieve que provenía, por cierto, de los pozos de la nieve de Sierra Espuña.

Siguiendo esta calle nos topamos, otra vez, con el vetusto casino, en su costado de la calle arquitecto Cerdán Martínez, desembocamos en la Trapería y de ahí, a un tiro de piedra:

Tradiciones seculares las que marcan un espacio urbano. Esto es lo que ocurre con la plaza de Hernández Amores, denominada por los murcianos "plaza de la Cruz". Esta plaza ha sido testigo, generación tras generación, de una enorme cruz de mármol que recuerda donde estuvo el altar mayor de la nueva capilla consagrada tras la reconquista y que en la actualidad el día 1 de mayo se engalana de flores en los tradicionales "mayos".

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